El mango peruano y la deuda pendiente con la niñez rural

Un estudio realizado por DYA Perú y el Programa SESAM identificó riesgos de trabajo infantil en la cadena de valor del mango en Piura, donde más de 10,500 familias productoras se movilizan cada temporada de cosecha. Los hallazgos señalan brechas institucionales y condiciones laborales que afectan especialmente a adolescentes de 15 a 17 años.

Piura produce más del 65% del mango peruano. Cada temporada, entre noviembre y marzo, miles de familias de agricultura familiar se movilizan para cosechar un fruto que termina en los supermercados de Ámsterdam, París y Berlín. Es un producto estrella de la agroexportación, pero ¿sabemos quiénes participan realmente en su cosecha?

La región alberga más de 10,500 productores vinculados a la cadena, la gran mayoría en condiciones de agricultura familiar. En este contexto, la participación de niños y adolescentes no es una excepción aislada. Bajo la figura cultural del «apoyo familiar», se identificaron prácticas que incrementan el riesgo de que estas actividades deriven en trabajo infantil peligroso, debido a la falta de supervisión y la presión por la cosecha.

Esto cobra urgencia comercial y ética. Desde julio de 2024, la Directiva Europea de Debida Diligencia (CSDDD) obliga a las empresas a mitigar riesgos en sus cadenas de suministro. Para el mango peruano, esto significa que el acceso al mercado europeo dependerá de demostrar una producción libre de explotación infantil.

El estudio, realizado con 85 actores clave en Chulucanas y Tambo Grande, identificó tres etapas críticas: la cosecha (riesgo de primer orden), el deshierbo y la limpieza de campo post cosecha. También identificó que en predios no certificados existen condiciones laborales —como carga de jabas pesadas y jornadas extensas— que representan un riesgo particular para adolescentes de 15 a 17 años, especialmente en temporada alta.

El impacto es visible en las aulas: los docentes entrevistados reportan un patrón de ausentismo estacional. No es necesariamente deserción definitiva, sino inasistencias repetidas entre noviembre y marzo que comprometen el rendimiento académico.

El estudio también reveló una brecha institucional: el 37.5% de las instituciones miembros del comité regional (CDREPTI) consultadas reportó no tener acciones específicas contra el trabajo infantil, y ninguna cuenta con intervención directa en el sector mango.

Sin embargo, el modelo de solución ya existe. Cooperativas certificadas como CAPAPE demuestran que los sellos de Comercio Justo y GlobalG.A.P. funcionan como barreras efectivas gracias a sus auditorías y controles. El desafío es llevar ese estándar a los miles de productores no organizados.

Con el financiamiento del Programa SESAM y la voluntad política local, se abre una ventana de oportunidad en 2026. El mango puede ser dulce para todos, pero solo si se garantiza que los niños de Piura estén en la escuela, y no trabajando en la chacra.

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